Ciberseguridad corporativa

¿Cuánto cuesta una hora de inactividad operativa?

Cuando una empresa sufre una interrupción en sus operaciones, una hora puede  parecer poco tiempo. Sin embargo, si durante ese período los sistemas prioritarios dejan de funcionar, el impacto puede ser mucho mayor de lo que se imagina. 

Hoy en día, la mayoría de las organizaciones dependen de la tecnología para operar:  procesar ventas, atender clientes, gestionar inventarios o coordinar equipos. Por eso,  cuando esa tecnología falla, las consecuencias no solo se reflejan en el tiempo  perdido, sino también en los costos, la productividad y la confianza de los clientes. 

¿Qué es la inactividad operativa? 

Muchas veces se asocia la inactividad con un servidor que dejó de funcionar, pero el  concepto es mucho más amplio. Cualquier situación que impida que un proceso  importante continúe operando con normalidad puede convertirse en una inactividad operativa. 

Por ejemplos: 

• Sistemas de gestión que dejan de estar disponibles. 
• Plataformas de atención al cliente que no permiten responder solicitudes.
• Aplicaciones críticas que se bloquean o dejan de funcionar. 
• Problemas en la red que impiden la comunicación entre equipos o sucursales.
• Fallas en centros de datos. 
• Ataques de ransomware que bloquean el acceso a la información.
• Cortes eléctricos que afectan la continuidad de la operación. 

No todas las interrupciones tienen la misma gravedad, pero incluso una falla  aparentemente pequeña puede generar un efecto en cadena cuando afecta procesos  esenciales del negocio. 

Los costos visibles y los ocultos 

Cuando ocurre una interrupción, hay pérdidas que son fáciles de identificar. Por  ejemplo: 

• Ventas que no se pueden realizar. 
• Empleados que no pueden trabajar porque los sistemas no están disponibles.
• Retrasos en la producción o en la entrega de servicios. 
• Incumplimiento de contratos. 

• Penalizaciones por no cumplir con los niveles de servicio (SLA). 

Pero también existen costos menos visibles, en muchos casos, terminan siendo igual  o más importantes. 

Una caída de los sistemas también puede afectar:

• Afectación a la reputación de la empresa.  
• Pérdida de confianza por parte de los clientes.  
• Mayor presión sobre el equipo de TI para restablecer la operación. 
• Horas extra dedicadas a la recuperación de los sistemas.  
• Esfuerzos de comunicación con clientes, colaboradores y otras partes  interesadas durante la crisis.  
• Posible pérdida o corrupción de información.  
• Retrasos en proyectos y otras iniciativas que deben posponerse mientras se  atiende la emergencia. 

Aunque estos impactos no siempre aparecen en un reporte financiero, pueden tener  efectos importantes a mediano y largo plazo. 

Entender el costo de la inactividad 

Muchas organizaciones conocen el costo de sus equipos o de su infraestructura  tecnológica, pero pocas han calculado cuánto dinero pierden cuando sus  operaciones se detienen. 

Para obtener una estimación, se pueden considerar aspectos como: • Ingresos que dejan de percibirse.  

• Costo del personal que no puede realizar sus funciones.  

• Penalizaciones por incumplimiento de contratos o SLA.  

• Gastos asociados a la recuperación de los sistemas.  

• Impacto en la operación y en el servicio al cliente.  

Cada organización es diferente, por lo que este cálculo debe adaptarse a su realidad  y a los procesos que sostienen su operación.

¿Por qué algunas empresas se recuperan más rápido? 

La diferencia entre una interrupción que dura una hora y otra que se prolonga durante  todo un día muchas veces está en la preparación. 

Las organizaciones que cuentan con un plan de continuidad del negocio, estrategias  de recuperación ante desastres y respaldos que realmente han sido probados suelen  responder con mayor rapidez. A esto se suma el monitoreo constante de los sistemas  y la realización de simulacros, que permiten identificar fallas antes de que ocurra un  incidente real. 

No se trata únicamente de tener tecnología, sino de saber cómo actuar cuando  ocurre un problema. 

Buenas prácticas para reducir el impacto 

Aunque ninguna empresa está completamente libre de sufrir una interrupción, sí  existen acciones que ayudan a reducir sus consecuencias y acelerar la recuperación  cuando ocurre un incidente. Entre las más importantes están: 

• Identificar cuáles son los procesos más críticos para el negocio.  

• Definir objetivos claros de recuperación (RTO y RPO) de acuerdo con las  necesidades de la organización.  

• Implementar una estrategia de Backup que garantice la protección de la  información y realizar pruebas periódicas para verificar que los respaldos  puedan restaurarse correctamente.  

• Contar con un plan de Disaster Recovery (DR) que permita restablecer la  infraestructura y los servicios críticos en el menor tiempo posible.  

• Documentar los procedimientos de respuesta para que cada equipo conozca  su rol durante una contingencia.  

• Capacitar a los equipos involucrados en los planes de continuidad y  recuperación.  

• Realizar pruebas y simulacros periódicos para validar que el plan de  continuidad y recuperación funcione de manera efectiva.  

El costo de una hora de inactividad va mucho más allá del dinero que se deja de  facturar. También puede afectar la confianza de los clientes, la productividad de los  equipos y la capacidad de la organización para cumplir con sus compromisos.

Estar preparado permite reducir el tiempo de recuperación y minimizar el impacto  que una interrupción puede tener en el negocio. Contar con planes de continuidad,  respaldos confiables y procedimientos claros puede marcar la diferencia entre una  situación controlada y un problema que termine afectando al negocio durante mucho  tiempo.

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