Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán–Cortina 2026 serán uno de los eventos más observados del mundo. Millones de personas seguirán las competencias en tiempo real, interactuarán con plataformas digitales, comprarán boletos, consumirán contenido en redes sociales y realizarán pagos electrónicos vinculados directa o indirectamente con el evento. Todo este ecosistema digital, que hace posible una experiencia moderna y global, también abre la puerta a un riesgo que crece de forma silenciosa pero constante: la ciberdelincuencia.
Hoy en día, no es posible analizar un evento internacional solamente desde el punto de vista deportivo o logístico. La tecnología es un componente importante del espectáculo y, con ella, aparecen nuevos peligros. En estas circunstancias, la gestión de riesgos en ciberseguridad se vuelve esencial para salvaguardar no solo los sistemas y los datos, sino también la confianza del público, la reputación de la institución y el funcionamiento ininterrumpido.
A lo largo de los años, se ha comprobado que los eventos deportivos internacionales concentran un número de ataques mucho mayor al promedio. Cientos de millones de intentos de intrusión a sistemas oficiales, plataformas de transmisión, aplicaciones móviles y redes de soporte se han documentado en recientes ediciones olímpicas. Este incremento no es casual, ya que los atacantes saben que durante los Juegos:
A esto se suma el crecimiento del uso de herramientas automatizadas e inteligencia artificial por parte de los cibercriminales. Hoy es posible lanzar campañas masivas de fraude digital altamente personalizadas, capaces de engañar incluso a usuarios experimentados.
Los Juegos Olímpicos se sostienen sobre una infraestructura tecnológica compleja que debe operar de forma continua y sin margen de error. Estos sistemas sostienen la operación diaria del evento y cualquier falla, por mínima que parezca, puede generar efectos en cadena difíciles de controlar. En un entorno de alta exposición, la estabilidad tecnológica se convierte en un factor decisivo para el éxito del evento.
En este contexto, la Gestión de riesgos de ciberseguridad deja de ser un componente técnico para convertirse en una prioridad estratégica, orientada a garantizar la continuidad operativa y la confianza en uno de los eventos más observados del mundo.
El espionaje digital no suele causar interrupciones inmediatas, ya que su objetivo es permanecer oculto el mayor tiempo posible, recopilando datos, analizando sistemas y aprovechando accesos prolongados. Su impacto, aunque menos visible, puede ser profundo y duradero.
Por otro lado, el hacktivismo aprovecha la atención mundial del evento para amplificar mensajes, generar controversia o desacreditar instituciones. Un ataque exitoso, incluso de corta duración, puede tener una repercusión mediática desproporcionada.
Frente a estas amenazas, la Gestión de riesgos de ciberseguridad requiere un enfoque más sofisticado: monitoreo constante, análisis de comportamientos anómalos y capacidad de respuesta estratégica. No se trata solo de defender sistemas, sino de proteger la estabilidad, la información y la narrativa de un evento observado por todo el mundo.
En Never Off Technology sabemos que incluso aquello que parece cotidiano o inofensivo puede transformarse en un riesgo crítico. Por ello, impulsamos una Gestión de riesgos de ciberseguridad integral que permite a las organizaciones anticiparse a las amenazas, proteger sus activos digitales y asegurar la continuidad operativa en un entorno cada vez más complejo y exigente.